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Voluntariado y Sentido Común

En 2023 he aprendido mucho sobre voluntariado a través del acompañamiento que hacemos desde Sentido Común en este componente de las estrategias sociales y ambientales del sector privado y en algunos colegios del país[1]. A continuación, ofrezco algunas ideas para la reflexión que buscan que se mejoren algunas prácticas en el voluntariado actual e inciten a organizaciones, familias o personas a hacerse voluntarios/as por salud, por conveniencia o por curiosidad.



1. Voluntariado desde la conciencia individual.

Un voluntario o voluntaria reconoce los problemas de su entorno y decide participar de las soluciones. Lo/la mueve la pasión por servir desde lo que considera que es “bueno” para sí mismo/a. El voluntariado mejora su autopercepción, su salud física y mental. En esta dimensión individual de la actividad del voluntario/a, hacemos preguntas que invitan a darse cuenta de las conversaciones que definen su motivación: “¿para qué me hago voluntario o voluntaria?”. La reflexión ética logra que la acción sea más consciente: esa “ayuda que me gusta dar, haciendo lo que sé hacer” busca coherencia con el lugar (sector privado, sector educativo, por ejemplo) y el momento en el que se ofrece (Colombia, 2023). El voluntariado es un servicio libre (sí) y al mismo tiempo se desarrolla dentro de una estrategia de negocio que espera algo a cambio: es diseñada con objetivos deliberados y se mide como una inversión que retorna en beneficios tangibles. También, se dirige a solucionar desafíos sociales y ambientales en territorios donde las oportunidades para tener calidad de vida son muy desiguales, en un país que está dando sus primeros pasos para superar la violencia y en un mundo amenazado por los problemas ambientales y sociales (y por la apatía de una mayoría distraída). Nuestro “depende de mí”[2] ha hecho eco en miles de voluntarios/as del sector privado, en personas de las comunidades que los han recibido, en los militares y excombatientes de los grupos ilegales que han participado de actividades como Vamos Colombia. Ellos y ellas, desde el espejo, han elegido encontrarse más allá de la lógica de un privilegiado que ayuda a un desfavorecido que espera. Han comenzado un camino juntos haciendo el mejor negocio que podemos hacer, uno en el que todos ganamos ahora y en el futuro.



2. Voluntariado para encontrar a otro/a.

Las herramientas que hemos llamado “Depende de Nos”[3] se han integrado al voluntariado corporativo descubriendo la diversidad como el gran capital de la vida humana y, por tanto, de las organizaciones productivas. Llamamos a la presencia y a la curiosidad para que voluntarios y voluntarias contrasten sus perspectivas y se entrenen en conversaciones desde el desacuerdo. Este ejercicio práctico de dejar que “lo otro aparezca como es y no como yo quiero que sea” ha soltado el candado que permite abrir la puerta de la inclusión: el respeto radical por la diferencia. También ha sido detonante de la reconciliación cuando los voluntariados han permitido que víctimas y victimarios puedan mirarse a los ojos y comprender el dolor de aquí, el contexto de allá y, sin justificar o perdonar, hayan decidido renunciar a la violencia como solución. Los encuentros más allá los prejuicios llevaron la metáfora de “ponerse en los zapatos del otro” a momentos reales de empatía que se quedan en cada participante como evidencia de que no estamos condenados a ser lo que nos dijeron que éramos y que es posible hacer acuerdos, incluso si no estamos de acuerdo.


3. Voluntariado para los acuerdos.

Darle sentido al voluntariado es también hacer visible la dimensión política que lo sustenta. Decir “depende de nosotros” es asumir la responsabilidad individual en la construcción y respeto de los acuerdos para convivir. Los participantes de las actividades de voluntariado han recordado lo que significa ser ciudadano/a, además de ser consumidor/a o fabricante de productos o servicios para el consumo. Hemos asumido desde Sentido Común la incómoda tarea de incomodar preguntando qué tiene que ver lo que hacemos con la democracia que decimos defender, con la participación en los espacios de decisión sobre la administración pública o con la corrupción, como ejemplos. Ante estas preguntas por el sentido de lo común, los voluntarios y voluntarias han aceptado el desafío de salir de esa zona de miedo de muchos colombianos/as que prefieren esperar a que “el menos malo” decida, porque “así son las cosas”. En una cultura donde se privilegian derechos sobre deberes y el incumplimiento de la ley es una “viveza”, el voluntariado que se asuma como educación para la ciudadanía se hace urgente. Un voluntariado que nos acuerde que ya tenemos acuerdos (y que es posible modificarlos sin violencia) se convierte en un espacio que, además de ser una escuela para las habilidades socioemocionales para la productividad, es una fórmula para revitalizar los pactos sociales que buscan que cada quien pueda ser lo que quiere y que se puedan dar las condiciones que nos convienen a todos.


4. Un voluntariado conveniente.

Quienes estamos en empresas privadas cuidamos a las personas y al medio ambiente porque nos conviene a todos y al futuro. El capitalismo consciente, las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión, la debida diligencia o los sistemas de gobierno corporativo ESG describen el punto de encuentro entre lo que saben hacer las empresas (generar utilidades), con lo que saben hacer (transformar recursos en productos y servicios), lo que el mundo necesita (soluciones a problemas ambientales y sociales) y lo que estamos dispuestos a pagarles (productos o servicios útiles y hermosos). Como un ikigai empresarial, dicha declaración de propósito integra elementos en tensión permanente, lo que hace que todos los negocios del sector privado se hagan desde el conocimiento actualizado del entorno, una comprensión integral del ser humano y de la sociedad y una visión de futuro responsable. Ese punto de encuentro entre pasión, vocación, profesión y misión no es un lugar de llegada estático, sino que se va expresando como respuesta a cada contexto particular. El voluntariado corporativo nace y se desarrolla dentro de este propósito de las organizaciones productivas y contiene dicha tensión positiva entre lo económico, lo ecológico y lo social. Es un negocio conveniente para la persona voluntaria quien realiza su proyecto de vida, para la empresa que alcanza sus objetivos en el desarrollo de su gente, de su reputación y de sus relaciones con las comunidades y es un negocio conveniente para las comunidades por lo que ganan en conocimiento, reconocimiento y acceso a oportunidades para desarrollar proyectos que mejoren su calidad de vida. Además, gana la sociedad porque el voluntariado genera la confianza necesaria para que estos proyectos empresa - comunidades tengan buen éxito ahora y en el futuro.


Paralelo al trabajo con los voluntariados corporativos, hemos podido ser parte de otras estrategias que desde la Fundación Andi, fomentan estos negocios gana-gana[4]. El voluntariado ha ayudado para que personas más conscientes se encuentren y se reconozcan en las diferencias, validen sus acuerdos de convivencia y hagan negocios convenientes para todas las partes. Los voluntarios y voluntarias han sembrado una nueva narrativa que trasciende en sus espacios de influencia y que va constituyéndose en un movimiento para la inclusión.


5. Un voluntariado que trasciende.

En Sentido Común hemos usado la música como metáfora del poder transformador de las conversaciones conscientes. Hemos dicho que vivimos y convivimos “según la banda sonora que resuena en nuestras cabezas y corazones”. Las declaraciones escritas aquí con respecto al voluntariado en sus dimensiones ética, política y económica-ecológica preparan las acciones que impactan en los contextos cotidianos de las organizaciones y personas que lo viven. Un voluntariado con sentido implica acciones tácticas:

  • La decisión libre del voluntario de hacer parte de una actividad no remunerada que busca una solución a un problema social y ambiental poniendo al servicio de la comunidad su tiempo, su talento y sus contactos.

  • La transparencia en el propósito de la empresa para desarrollar las acciones de voluntariado en línea con su estrategia de negocio que integra lo productivo con lo social y lo ambiental.

  • La claridad de los miembros de la comunidad (y de los receptores del servicio voluntario) de sus expectativas con respecto al proyecto en el que se inscribe el voluntariado y el impacto en su plan de vida.

  • La elaboración de acuerdos explícitos sobre el alcance y los compromisos de las partes.

  • La creación de espacios de conversación deliberados para el encuentro personal entre los participantes y su diálogo consciente.

  • El diseño de actividades o procesos que permitan la participación de los implicados y que generen un resultado tangible.

  • La medición del proceso y la evaluación del retorno a la inversión

  • La comunicación eficiente y oportuna de los logros.


Queremos seguir evolucionando con el voluntariado en las empresas y en todos los espacios donde este contribuya a la realización de las personas, a la convivencia armónica y al cuidado de la vida. Desde nuestra convicción de que el cambio empieza en cada individuo cuando se hace responsable de su propia existencia, desde nuestra habilidad para sembrar conversaciones de colaboración, desde nuestra conciencia de que el mundo necesita más servicio, seguiremos aportando para que haya más sentido en el voluntariado. Así, en la vida cotidiana de empresas, de familias y de comunidades sonará una banda sonora que convoca la voluntad de cada uno/a para la creación de negocios convenientes en el que todos/as ganemos. Ese es nuestro sentido común.


 

[1] Desde que en 2016 hicimos parte del diseño de Vamos Colombia (Fundación Andi, ACDIVOCA, USAID. Ver: https://youtu.be/WzM088KeqMw?si=4cxr19SOUg-AXsFA) encontré en el voluntariado una actividad muy poderosa para la transformación cultural y un camino a la trascendencia, la conexión de lo que cada quien hace cada día con un sentido común. Ya en el despliegue del Vamos Colombia, en el que se han movilizado más de 5.000 voluntarios/as en 25 zonas del país, nos hemos dado cuenta de algunas características del voluntariado se han potencializado desde la propuesta de valor de Sentido Común. También enriquecen este documento las experiencias con el proyecto A Propósito del Futuro con Organización Corona, Gracias (Servicio Social voluntario en colegios), el trabajo con la Fundación Acdi-Voca en su proyecto ACERCA, nuestra participación en varias iniciativas en CONECTA del grupo Argos y, recientemente, con el voluntariado “para un mundo más amable” del Colegio Horizontes en Rionegro, Antioquia.

[2] Depende de Mí es un mensaje que desde hace más de 20 años hemos compartido con cientos de miles de personas y que busca que cada persona se haga responsable de su vida, como primer paso para cualquier cambio en los sistemas de los que hace parte. Ver más información en https://www.osentidocomun.com/depende-de-mi

[3] Depende de Nos son una serie de herramientas organizadas para observar y transformar las relaciones con los demás a través de conversaciones conscientes.

[4] El movimiento In es uno de ellos. Promoviendo la competitividad inclusiva, la Fundación la asociación de empresarios colombianos reconoce proyectos a través de una lista de empresas In y un Sello In que certifica prácticas de inclusión de poblaciones como minorías étnicas, víctimas del conflicto, comunidades LGBTIQ+ en las cadenas de valor. Además, se entregan herramientas teóricas y metodológicas tanto a los trabajadores de las empresas que deciden incluir como a las personas de las comunidades que quieren ser incluidas y se han concretado grandes acuerdos de negocio que hoy son modelo tanto para otras compañías como para estas poblaciones tradicionalmente excluidas.


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