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Día del migrante

Homenaje a mis hermanos Naty y Luis moviéndose con quienes buscan sentido en los caminos de nuestro continente y nos traen el sentido de movernos todos hacia un mundo más humano, más hospitalario.

 

Ayer fue el día internacional del migrante. Celebramos la vida y la persistencia de esta “especie en viaje” de la que somos parte, víctimas de nuestros propios inventos a la hora de organizarnos. Creamos fronteras y nos las creímos, y así, para llegar a la misma casa de todos hay que pedir permiso. Desplazadas, refugiadas, generalmente niñas y mujeres caminan los continentes repartiendo semillas de coraje y alegría: sembrando en nosotros la duda si lo que hacemos como sociedad es suficiente para que no se vean obligadas a huir o para que si deciden hacerlo puedan ser acogidas con atención en la emergencia, con posibilidades de ser parte del sistema de intercambio productivo y de vivir en su nuevo destino como ciudadanas que participan, eligen y contribuyen.

 

Hoy quiero hacer un homenaje a los que caminan con ellos. Desde oficinas de gobierno, de empresas o de ONGs impulsando leyes, moviendo recursos para su atención o promoviendo la integración. Y con más orgullo, quiero dar las a quienes caminan “literalmente” con las familias migrantes trascendiendo esos esfuerzos de incidencia, fundraising o comunicación al acto más humano y urgente en este desafío: la presencia. Naty y Luis, mis hermanos y socios en Sentido Común, acaban de regresar de la segunda caravana por la hospitalidad en un recorrido de más de 2 meses desde Panamá hasta Estados Unidos. La primera correría había llegado a Colombia después de compartir con migrantes y responsables de los lugares de paso en las rutas desde el sur del continente, incluyendo Brasil.

 

Natalia Salazar y Luis Fernando Gómez son esposos, ella comunicadora y el sociólogo, ambos músicos. Desde hace 8 años lideran un proyecto llamado “SoyH” diseñado para la Red Jesuita con Migrantes de Latinoamérica, una plataforma de una acción coordinada entre todas las obras de la Compañía de Jesús que atienden a la población migrante en este lado del mundo. “SoyH” se construyó como una campaña de sensibilización que, adaptando el método de Sentido Común, proponía la transformación de conversaciones alrededor de la hospitalidad en la misma secuencia: depende de mí (conciencia), depende de nosotros (encuentro y colaboración); depende de todo (acción trascedente). La música, los símbolos y ritos que Naty y Luis integraron a la red empezaron a renovar el sentido de lo que se dice al exclamar “soy hijo, soy hermano, soy hospitalidad”. El llamado desde la iglesia católica de “acoger, proteger, promover, integrar” se llevó a las conversaciones del día a día animando a estos acompañantes quienes algunas veces se sienten solos y desconectados, y a través de ellos, a las familias migrantes. Estas empecinadas sobrevivientes tuvieron hombros reconfortados para ser abrazados y oídos más sensibles para ser escuchados.

 

Son muchos los logros que mis dos hermanos han acompañado. Los invito a conocer más en https://www.redjesuitaconmigranteslac.org/ y en las redes sociales con el #SoyH. Los quiero antojar con una anécdota que ellos me contaron el día que regresaron de la reciente caravana. Estando en uno de los albergues temporales en Centroamérica, Naty y Luis desenfundaron sus poderosos instrumentos, afinaron guitarra y violín y se dispusieron a cantar las canciones que habían preparado como parte de la rutina de su viaje. Comenzaron con canciones de folclor llanero asumiendo que la mayoría de su audiencia iba a emocionarle y el “depende de mí” original compuesto por el mismo Luis hace más de 20 años, canción que también en este proyecto se ha convertido en una especie de oración bailable. Aplausos, pero no la misma euforia de otros lugares. Afinaron ahora sus miradas para percatarse de que las familias que cuidaban sus “cambuches” en este hogar de paso tenían más pasos encima. Se acerca a Naty una niña mostrando las notas musicales en su celular. En este otro lenguaje universal, rápidamente las cuerdas iniciaron una conexión inmediata que se convirtió en cantos y bailes de alguna etnia de Afganistán. La música hizo lo suyo: palmas, risas y pasos se acompasaron en un momento que le dio sentido a todo. Luego otro más de Haiti, luego una familia de Venezuela y luego los anfitriones le pusieron su picante. Nadie tuvo que decirlo. Somos humanos cuando soñamos, cuando nos encontramos en la alegría, en la nostalgia y en la esperanza. No había que decirlo. Ningún ser vivo es ilegal y ningún sufrimiento ajeno. Si esas canciones alababan a dioses, recordaban amores o lugares o proclamaban propósitos, no importaba. Ese presente no necesita pasaportes ni visa, porque todos queremos soñar, todos queremos que la vida tenga sentido.

 

Gracias Naty y Luis por contarme esa historia y por hacernos a todos compañeros en sus viajes. Por recordarme que todo lo que hacemos tiene sentido en esos momentos de encuentro para decirnos sin decir que no estamos solos. Si nuestro servicio es llevar una canción, o componerla o hacerla sonar para que haya otra respiración y otro pálpito en momentos de angustia, aquí estaremos siempre con el equipaje listo, que es lo único que tenemos.

 

Les compartimos una de las canciones escritas por Luis para este proyecto, grabada originalmente Enel disco Depende de Nosotros y hoy al servicio de SoyH: https://youtu.be/FyzsTCuPGJw?si=VaDcPA12bNmsRJfQ






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